Poemas en prosa
(Para C. E. M)
(Para C. E. M)
I
Bastó una sola de tus miradas, para que mi alma quedara prendada para siempre del cielo inmenso de tus ojos. Desde entonces no soy más que un cazador infortunado que va tras el ave maravillosa de tu cariño sin lograr aprisionarla.
En vano mis ojos se tienden sobre los caminos y se trizan sobre el cielo, buscando tu silueta encantadora. Tu vuelo es muy ágil para alcanzarte y la fatiga me agota.
¡Pero no importa!...
Algún día lograré cogerte, y entonces… ¿qué me importará que en tu busca, los guijarros del camino hayan destrozado mis plantas y los zarzales herido mi carne, si para cada una de mis heridas tendré bálsamo maravilloso de tus besos siempre frescos?
II
En esta tarde iluminada apenas por el sol desfalleciente de Agosto, mientras la cortina de un soleen insoportable tapa el fúlgido panorama de tus ojos, siento que mi vida es como un pájaro errante que llora la inmensa tragedia de no tener un nido donde reponerse de las fatigas del vuelo.
Mi alma (haz de contradicciones inverosímiles) es como un volantín de seda que quiere tocar el cielo y no lo puede, por la pobreza del hilo insuficiente.
¿Qué hacer en esta tarde marcada con el signo del fatalismo? ¡Nada! Sólo me queda el dulce recuerdo de romper las tristes redes que aprisionan mi espíritu fatigado y como pez ansioso de nadar, sumergirme en el lago tranquilo de tus ojos hasta encontrar la paz que tanto ansío.
Con este poema mi abuelo cazó (literalmente) finalmente a mi abuela.
Cuando mi abuela salió del colegio quería estudiar medicina y su papa no la dejó: “estudiar no es un asunto para señoritas como tú y menos ejercer un oficio tan sangriento” (esto según mi abuela). Mi abuela hizo una pataleta del porte del buque, porque ella quería hacer algo con tanto virtuosismo reunido en una sola mujer (las monjas de su colegio le metieron esa idea en la cabeza) entonces mi bisabuelo le consiguió un puesto de secretaria en el seguro social, claro que no sabía que su jefe iba a ser el lobo feroz de mi abuelo y que la asediaría hasta el cansancio. Mi abuelo era mayor (unos 10 o 15) que mi abuela, pero eso no le impidió caer rendido ante la cabrita preciosa, pero muy mañosa y engreída que era mi abuela en ese tiempo. Mi tío Manuel España me cuenta que ser su hermano tenía bastantes privilegios, porque la mayoría de los cabros de su colegio estaban prendados de ella y querían establecer algún tipo de contacto con ella, porque nadie se atrevía a abordarla, cuando caminaba no miraba a nadie, a pesar de que se daban vuelta a mirarla, pero ella pensaba que todos eran feos y rotos y muy tontos. De hecho durante los primeros días de trabajo no hizo más que decirle a su papá que su jefe era viejo y feo. La acosaba fervientemente sin una respuesta positiva por parte de mi abuela, hasta que publicó en una de las revistas locales en la que escribía poemas regularmente “Poemas en prosa”. Después del acierto de mi abuelo, el corazón de mi abuela se fue ablandando poco a poco, pero, según ella cuenta, ella por dentro lo único que quería era echarse a sus brazos y que la abrazara este hombre tan romántico y sensible, pero ella, orgullosa, engreída y terca como una roca nunca lo hizo, jamás, a pesar de que ella siempre adoró a su esposo, hasta el día de hoy se emociona y sólo habla maravillas de él.
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